Pan fresco, salami, harina, aceite de oliva, pasta, medicinas y unos litros de gasolina para poner en marcha el cortacésped. Todo está dentro de las mochilas del Policía, una de las cuatro fuerzas armadas de Italia.
La misión es muy particular: los agentes de policía, dirigidos por el capitán Alessandro Volpini, deben subir unos 1400 escalones, en un antiguo sendero de piedra construido en 1813, única vía de acceso al pueblo de Monteviasco, en la provincia de Varese, Lombardía. La caminata dura aproximadamente una hora.

En la cima, a 950 metros sobre el nivel del mar, los únicos siete ciudadanos que viven allí esperan pacientemente una asistencia especial en tiempos de medidas restrictivas contra el coronavirus.
“En Monteviasco las calles no son suficientes, por eso no es posible pensar en gastos online y entregas a domicilio”, bromea el capitán Volpini.
Los residentes del pequeño pueblo están aislados desde noviembre de 2018, cuando el teleférico que conecta Monteviasco con el valle dejó de funcionar tras un accidente.

“Estamos acostumbrados a estar aislados”, dice Franca Ballinari, que, junto a su perro, se ocupa de la casa y del jardín. “Aquí no hay tiendas, estamos acostumbrados a estar sin muchas cosas, ayudándonos entre todos. El aislamiento siempre ha sido una opción para nosotros”, afirma.
Una elección más voluntaria que nunca: tras el estallido de la emergencia del Covid 19, ningún vecino quiere bajar al valle. “Aquí estamos mucho más seguros”, afirma Lucia Cassina, otra residente. “El riesgo de contraer el virus aquí es muy bajo, pero ciertamente no habríamos podido permanecer aislados sin la ayuda de los carabinieri”, explica.







































