Los antiguos griegos llamaban a Italia “Enotria”, en referencia a la producción de vinos extraordinarios.
Italia siempre ha sido sinónimo de buena comida, ofreciendo una inconfundible explosión de sabores y aromas. Además de tener una de las cocinas más famosas del mundo, también ofrece una inmensa variedad de platos y recetas regionales.
Los visitantes no pueden perderse los itinerarios gastronómicos y enológicos: viajes a través de la cultura vinícola y gastronómica de Italia, en busca de recetas antiguas, productos genuinos y cocina sencilla.
Productos mundialmente reconocidos como el Parmigiano Reggiano (queso parmesano), el vinagre balsámico de Módena, el pesto de Génova, la mozzarella de búfala de Campania, las trufas de Alba, la pasta y la pizza son sólo algunos de los símbolos que componen Italia.
No hay que descuidar los vinos, esos nobles embajadores de la excelencia italiana en el mundo.
El placer de degustar un buen vino en su entorno natal es incomparable: una copa de Chianti o Brunello di Montalcino en Toscana, de Barbera o Barolo en Piamonte, de Prosecco di Valdobbiadene en Véneto, de Lambrusco en Emilia Romagna, los vinos de Sicilia, los vinos blancos de Friuli y Trentino-Alto Adigio, o los grandes tintos de Valtellina.
Los antiguos griegos llamaban a Italia “Enotria”, en referencia a la producción de vinos extraordinarios. Sería imposible enumerar todas las características de los vinos italianos, buscados en todo el mundo por su variedad y calidad.
Italia es un mundo de sabores que excitan el paladar, los ojos y el corazón.








































