El país corre el riesgo de perder producción en el suelo y no lograr colocar alimentos en los mercados
Desde los espárragos en el Véneto hasta las fresas de Trentino y los kiwis en Latina, el sector primario está en alerta roja en Italia por la no llegada -por miedo o por el cierre de fronteras- de mano de obra procedente del extranjero.
Productores agrícolas buscando desesperadamente trabajadores extranjeros para no perder frutas y verduras y poder llenar las estanterías de los supermercados en este momento de crisis.
El efecto del coronavirus en el interior de Italia es alarmante: han desaparecido 370 trabajadores extranjeros, lo que según Coldiretti, asociación que representa a los agricultores, representa el 27% de la población activa.
Rumanía, de donde proceden la mayoría de estos trabajadores empleados en la producción agrícola en Lombardía y Véneto, ha decidido imponer un período de aislamiento a los ciudadanos que regresan de estas regiones.
Polonia y Bulgaria también imponen medidas restrictivas a sus trabajadores, exigiéndoles que rellenen un cuestionario en presencia de un inspector sanitario y permanezcan en cuarentena en sus hogares cuando regresan a visitar a su familia.
La comunidad rumana es la más numerosa con 107.500 empleados, seguida de la marroquí con 35, la india con 34 y la albanesa con 32. Las comunidades polaca, búlgara, senegalesa, tunecina, macedonia y paquistaní también contribuyen a impulsar la agricultura italiana.
Ettore Prandini, presidente de Coldiretti Advierte que “la emergencia del coronavirus está teniendo un impacto sustancial en las actividades empresariales y es necesario actuar a nivel nacional y de la Unión Europea para evitar que se coloquen barreras injustificadas a la circulación de trabajadores y mercancías, con decisiones equivocadas por parte de algunos países de la UE”.
Según él, es una situación que genera gran inseguridad, pero también pérdidas económicas y de empleo.







































