El empresario Giorgio Bortolo Oliva, de 66 años, fue multado con 13,2 euros (unos 2.400 reales) tras aterrizar su helicóptero a 1.600 metros de altitud, en una pista de esquí de la Cima del Grostè, en los Dolomitas del Brenta. La ley italiana prohíbe los desembarcos en zonas por encima de los XNUMX metros sin autorización especial.
Oliva llegó a la estación de esquí como pocos: descendiendo de su propio helicóptero, en un día soleado en los Alpes. La tranquilidad con la que estacionó el avión y se dirigió a las pistas de esquí sorprendió incluso a las autoridades, que se acercaron a él poco después del aterrizaje irregular.
El empresario explicó a la policía que no tenía tiempo y justificó su elección de esa ruta aérea por compromisos profesionales. “Sólo quería esquiar un poco”, dijo, sin mostrar ningún permiso de aterrizaje.
La historia de Oliva volando en zonas de alto riesgo no es reciente. El 25 de octubre de 2020, pilotaba otro helicóptero que se dirigía a una estación de esquí en la frontera suiza cuando el avión se estrelló en una zona montañosa cerca de los lagos Cime Bianche en el Valle de Aosta, a una altitud de casi 3 metros.
En otoño murió Alfredo Buda, también de Odolo, en la provincia de Brescia. Oliva fue procesado por homicidio y se declaró culpable el 1 de febrero de 2023, recibiendo una sentencia de ocho meses de prisión, suspendida por el tribunal.
Según la Fiscalía de Aosta, las condiciones meteorológicas del día del accidente no permitieron un vuelo seguro. Aún así, el empresario decidió continuar su camino. El nuevo incidente reaviva el debate sobre el control de los vuelos privados en las regiones alpinas y el cumplimiento de las normas de seguridad.






































