La comunidad italiana de São Paulo protestó en la mañana del sábado 26 de abril, en la plaza Cidade de Milão, próxima al parque Ibirapuera, en el oeste de la capital, contra la decreto-ley que limita el derecho a la ciudadanía italiana por descendencia (ius sanguinis).
Según los organizadores, en la manifestación participaron unas 200 personas. Entre ellos se encontraban Daniel Taddone, asesor en CGIE (Consiglio Generale degli Italiani all'Estero), y con Fabio Porta, diputado en el Parlamento italiano.

Aprobada en marzo por el Consejo de Ministros italiano, la medida —denominada “Decreto de la Vergüenza”— restringe el reconocimiento de la ciudadanía únicamente a los hijos y nietos de italianos. El decreto debe ser convertido en ley por el Parlamento antes de finales de mayo para seguir siendo válido.
Impacto cultural y legal
La iniciativa fue criticada por expertos y miembros de la comunidad ítalo-brasileña, que apuntan una amenaza a la identidad cultural y a los lazos históricos entre Brasil e Italia. “El decreto rompe una tradición iniciada incluso antes de la unificación de Italia en 1846, incorporada a la Constitución de 1948, que todavía está plenamente vigente”, afirmó el jurista. Walter Fanganiello Maierovitch, uno de los organizadores.
Según Maierovitch, el principio de ius sanguinis —la transmisión de la ciudadanía por sangre— es el vínculo que conecta jurídica y emocionalmente a Italia con sus descendientes en el extranjero. Para él, la justificación del gobierno de Giorgia Meloni, que habla de luchar contra una “industria de pasaportes”, no se sostiene. “El crimen se combate con la policía y el Ministerio Público, no con la eliminación de derechos”, sentenció.

Pérdidas económicas y movilización internacional
Maierovitch estima que alrededor de 40 millones de brasileños de origen italiano podrían verse afectados. Además de la pérdida de vínculos culturales, advierte sobre las repercusiones económicas: «Con la muerte de la italianidad, los beneficios que Italia obtiene del 'made in Italy' se verán afectados. Están matando a la gallina de los huevos de oro».
Entre las alternativas defendidas por el jurista está la exigencia del conocimiento de la lengua, la historia y la cultura italiana, en lugar del propuesto corte generacional.
«La ciudadanía impone obligaciones, pero no puede convertirse en un privilegio hereditario a corto plazo. Al restringirla, el Estado italiano convierte a sus descendientes en extranjeros en la tierra de sus antepasados», afirmó Maierovitch.
La protesta forma parte de una movilización internacional que critica el decreto como populista y demagógico. “No seremos extranjeros en la tierra de nuestros antepasados” fue el lema elegido por los manifestantes en São Paulo.






















































