Horas después de aprobarse una enmienda a la Decreto-Ley 36, que exigía una prueba de competencia en italiano para que los ciudadanos nacidos y residentes en el extranjero mantuvieran su ciudadanía, los senadores italianos dieron marcha atrás y retiró el texto de la propuesta.
La medida preveía que los adultos cuyos padres y abuelos también hubieran nacido fuera de Italia perderían la ciudadanía si no presentaban, en el plazo de tres años, un certificado de competencia de nivel B1 en lengua italiana. El requisito también se aplicaría a los jóvenes entre 18 y 25 años.
Como se informó anteriormente italianismoLa propuesta fue calificada como un ataque a la dignidad de la comunidad italiana fuera de Italia. El senador Francesco Giacobbe (PD) denunció la medida como “un ataque directo a los italianos en el extranjero, a su historia y a su dignidad”.
Presión política y repercusiones negativas
El impacto inmediato entre parlamentarios, asociaciones y ciudadanos en las redes sociales fue decisivo. El temor a una crisis política e institucional llevó a los autores de la propuesta a dar marcha atrás.
Entre los nombres vinculados a la enmienda se encontraban senadores Menia, Spinelli, Della Porta, De Priamo, Russo, Pirovano, Spelgatti, Borghese, Barcaiuolo y Rapani, todos de partidos de base gubernamental.
La retirada de la enmienda supone una victoria momentánea para los italianos en el extranjero, que reaccionó con asombro ante el intento de limitar un derecho heredado por la sangre y la historia.






































