El director de ANCI Véneto, Carlo Rapicavoli, denunció que desde hace meses recibe insultos y amenazas por sus declaraciones sobre el peso de las solicitudes de ciudadanía italiana por descendencia.
ANCI es la entidad que representa a todos los municipios de Italia, en este caso, de Véneto.
El ataque se produce principalmente en las redes sociales y se atribuye a grupos de Brasil y otros países sudamericanos que temen perder su derecho al reconocimiento tras el decreto Tajani.
Rapicavoli declaró, a Corriere della Sera, quien ya no lee los mensajes enviados, porque el volumen y el tono han sobrepasado cualquier límite de diálogo.
El director explicó que su crítica no va dirigida a los descendientes, sino al sistema que sobrecarga a los municipios del Véneto.
La región atrae a un gran número de personas interesadas y, antes del Decreto Tajani, se convirtió en un objetivo para agencias que ofrecían paquetes completos, desde documentos hasta alojamiento temporal. Según él, este modelo ejercía una presión insostenible sobre las oficinas locales, que carecen del personal, la tecnología o el apoyo legal necesarios para gestionar miles de casos.
En los últimos años, el reconocimiento por descendencia ha cobrado auge debido al temor a cambios en la ley. La pandemia intensificó la demanda e impulsó el surgimiento de negocios especializados.
Rapicavoli señaló que muchos solicitantes abandonan el municipio poco después de obtener su pasaporte italiano. Cuando son llamados a votar, no se les encuentra. Esto aumenta la carga administrativa y compromete el funcionamiento interno de los municipios.
La situación se agrava por el impacto de quienes están inscritos en el AIRE (Registro Electoral Estatal Italiano). En varios municipios pequeños, el número de italianos residentes en el extranjero supera al de residentes locales. La presencia de estos votantes influye en el quórum electoral y da lugar a distorsiones en la representación. El gobierno adoptó una medida temporal que excluye del cómputo a los inscritos inactivos. Rapicavoli sostiene que esta norma debería ser permanente.
El director consideró el decreto Tajani como un primer paso, pero insuficiente. La ley de 1992 sigue centrándose en la ascendencia y no tiene en cuenta los vínculos genuinos con el país. Citó dificultades para verificar documentos y advirtió sobre casos de falsificación. Según él, los municipios siguen careciendo de apoyo técnico mientras se enfrentan a miles de solicitudes acumuladas.
El riesgo legal ha aumentado. tras la condena del municipio de CastagnaroEn Verona, el ayuntamiento se vio obligado a pagar cien euros por cada día de retraso en el registro de certificados. Rapicavoli afirmó que esta situación podría repetirse en otras ciudades del Véneto, debido al elevado número de solicitudes y a que los empleados no dan abasto.
Para él, la solución reside en la claridad y los recursos. Los municipios necesitan autonomía, personal capacitado y herramientas digitales. Rapicavoli afirmó que el retorno de quienes desean reintegrarse a la comunidad italiana es positivo, pero advirtió sobre el aumento de los abusos y las residencias artificiales. Según él, sin ajustes, el principio del jus sanguinis podría convertirse en una maquinaria burocrática que amenaza la credibilidad del Estado.






































