Después de una intensa semana de reuniones y compromisos, Domenico Fornara, cónsul general de Italia en São Paulo, se arremangó y fue a la cocina a preparar el suyo almuerzo de domingo.
El plato era salmón a la parrilla y frittata de verduras. Y para acompañarlo, una copa de vino blanco, “en rigor”, afirmó. La foto fue publicada en su página personal de Twitter.
Tiene razón Fornara. Cocinar puede ser beneficioso para el bienestar emocional. De acuerdo a Academia de Newport, originaria de Estados Unidos, cocinar es una forma de terapia que ayuda a aliviar la tensión y aumentar la actividad positiva.
Para el nutricionista Luisa Lopes Weber, el ritual que abarca desde la elección de los ingredientes hasta la preparación del plato es “una auténtica sesión de terapia para los amantes de la cocina”. “Ensuciarse las manos alivia el estrés. La alquimia de los sabores es buena para el alma”, subraya.
El psiquiatra y profesor de Salud Mental de la Universidad de Ponta Grossa (UEPG), Marcelo Kimati, destaca que cocinar es una de las prácticas sociales primordiales que más implican afecto. “La cocina rescata una tradición cultural, histórica y familiar. Cuando una persona repite una receta, está utilizando una práctica cultural para contar una historia familiar, integrando pasado, presente y futuro en un lenguaje no escrito que incluye tanto a quienes cocinan como a quienes disfrutan del plato”, analiza.


































































