"Tarifa de 600 euros para quienes buscan antepasados. Así pretenden Musile y San Donà hacer renunciar a los descendientes"(Tassa regala 600 euros a quienes se acerquen a las antenas. Cómo Musile y San Dona puntano te hacen perder tus orígenes).
el titular del periódico La Nueva de Venecia y Mestre Este sábado (1/02) se destaca la tesis que desde hace tiempo viene denunciando los brasileños de ascendencia italiana.
El periódico confirma que, apoyados por la nueva ley de presupuesto 2025, los municipios de la región del Véneto, en el noreste de Italia, están imponiendo altos costes a los procesos de reconocimiento de ciudadanía con el objetivo de desincentivar la presentación de nuevas solicitudes.
De acuerdo con la Ley de Presupuesto 2025, los municipios pueden cobrar hasta 600 euros para cada solicitud de reconocimiento. Además, cada certificado o documento requerido puede costar 300 euros.
La justificación oficial, repetida por alcaldes como Silvia Susanna (Musile di Piave) y Alberto Teso (San Donà di Piave), es la necesidad de “aliviar” las oficinas municipales, supuestamente sobrecargadas de solicitudes, la mayoría provenientes de Brasil y otros países sudamericanos.
Sin embargo, la admisión explícita El hecho de que la tasa tenga como objetivo disuadir a las partes interesadas ha reavivado las acusaciones de que se trata de una postura discriminatorio contra los llamados Oriundi (descendientes de italianos).
Estado paralelo para castigar
En entrevista, el consultor en procesos de ciudadanía, Reginaldo Maia, director de Bendita Cidadania, va más allá y afirma que Italia creó “una especie de Estado paralelo” para castigar a sus propios descendientes. Para Maia, muchos políticos italianos considerarían a estos ítalo-brasileños como “hijos bastardos”, pues no ven en ellos un vínculo legítimo con el país.
Maia también cuestiona la diferencia de trato al comparar a los brasileños con inmigrantes de otros orígenes:
“Celebran cuando le dan la ciudadanía a un árabe que viene con la misión de imponer su cultura, su religión. Los alcaldes hacen fiestas, llaman a la prensa, pero rechazan a los descendientes de italianos que tienen un amor incondicional por sus orígenes. "Parece que no tiene sentido."
Las contundentes declaraciones de Maia reflejan un creciente descontento en la comunidad ítalo-brasileña. Si por un lado las administraciones municipales reclaman sobrecarga y gasto excesivo en la investigación de documentos que pueden remontarse al siglo XIX, por otro lado los descendientes se sienten apuntados por un bloqueo que raya en lo discriminación.
Por tanto, está claro que la adopción de este “tipo máximo” de 600 euros no es sólo una medida administrativa, sino Un claro intento para frenar el número de solicitudes de ciudadanía.
La política practicada por los 22 municipios del Véneto contradice el espíritu mismo de la legislación italiana de reconocimiento por jure sanguinis.
Al fin y al cabo, la tesis de que los ciudadanos tienen derecho a la nacionalidad de sus antepasados ha encontrado apoyo en la jurisprudencia del país durante décadas.
Sin embargo, cuando este derecho va acompañado de obstáculos financieros tan elevados, la percepción es de un ataque directo al solicitante que intenta, por herencia sanguínea, confirmar su vínculo con Italia.























































