Italia ha sido clasificada como una de las democracias más frágiles de Europa, según el Índice de democracia 2024, publicado por Economist Intelligence Unit. El país recibió una calificación 7,58 en una escala de 0 a 10, lo que lo coloca en la categoría de “democracia imperfecta”.
A pesar del resultado negativo, la culpa no recae sólo en el gobierno de Giorgia Meloni. En 2014, una década antes, Italia —entonces bajo el liderazgo de Matteo Renzi, del Partido Demócrata— había logrado un total de XNUMX. 7,71.
A efectos de comparación, el Brasil tenía nota 6,96 en 2014 y cayó a 6,49 en la edición de 2024 del mismo índice.
El informe evalúa cinco dimensiones: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles.
La puntuación actual sitúa a Italia por detrás de 19 países europeos, incluidos Noruega (9,81), Suecia (9,39), Suiza (9,32) e Alemanha (8,73).
Entre los principales problemas identificados en Italia están: la baja confianza en las instituciones públicas, la limitada participación política y la percepción generalizada de ineficiencia del gobierno. La polarización ideológica y las dificultades para combatir la corrupción también contribuyeron al mal desempeño.
Estos datos coinciden con lo que muestra el informe “Informe sobre el Estado de Derecho y las Libertades 2025“, de la ONG Unión por las Libertades Civiles para Europa, publicado el 17 de marzo. El documento señala que Italia se encuentra entre los países de la Unión Europea que “violan sistemáticamente el Estado de derecho”.
El informe también denuncia interferencia política en el poder judicial, amenazas a la libertad de expresión y represión del derecho a la protesta. También critica el Proyecto de Ley 1660, conocido como el “Paquete de Seguridad”, por su potencial para criminalizar la disidencia y afectar a los grupos vulnerables.
Mientras que países como Dinamarca, Irlanda y Estonia Mientras Italia sigue demostrando altos estándares democráticos, muestra signos de retroceso. Según los analistas, el fortalecimiento de los partidos populistas y el uso frecuente de medidas legislativas aceleradas están debilitando los mecanismos de control y la pluralidad política.
La advertencia es clara: si la tendencia actual continúa, la democracia italiana corre el riesgo de deteriorarse aún más, afectando los derechos fundamentales y comprometiendo el pleno funcionamiento de las instituciones.

























































