Los italianos acudirán a las urnas los días 22 y 23 de marzo para decidir sobre un reforma judicial considerada una de las principales propuestas del gobierno de la primera ministra Giorgia Meloni.
El referéndum se celebra en medio de un enfrentamiento entre el gobierno y los jueces, quienes afirman que los cambios podrían comprometer la independencia del poder judicial.
Meloni defiende la reforma y afirma que es necesaria para garantizar una mayor imparcialidad en el sistema judicial italiano.
Separación entre fiscales y jueces
El principal cambio previsto en la reforma es la separación de las funciones de fiscal y juez.
Actualmente, ambos pertenecen a la misma trayectoria profesional dentro del poder judicial italiano y pueden cambiar de puesto a lo largo de su carrera. Desde 2022, este cambio solo se ha permitido una vez.
Según el gobierno, esta estructura puede crear una proximidad excesiva entre quienes acusan y quienes juzgan.
En un acto político celebrado en Milán, Meloni afirmó que la propuesta representa "una reforma histórica que aborda las causas profundas de un sistema judicial disfuncional".
El primer ministro también defendió la separación de poderes.
"Si quien formula la acusación y quien juzga son dos colegas cuyos caminos se cruzan continuamente, existe el riesgo de confusión, lo que podría debilitar un principio fundamental de la Constitución italiana: la imparcialidad de los jueces", afirmó.
Cambios en el organismo que supervisa el poder judicial.
Otro punto central de la reforma concierne al Consejo Superior del Poder Judicial, conocido por las siglas CSM.
Este organismo es responsable de la supervisión y la disciplina de los jueces y fiscales.
Según la propuesta, el Consejo Superior de la Magistratura (CSM) se dividiría en dos consejos separados: uno para jueces y otro para fiscales.
También se crearía un tribunal disciplinario con 15 miembros.
Algunos de estos miembros serían elegidos por sorteo, y otra parte provendría de listas elaboradas por el Parlamento.
Críticas de jueces y expertos legales
La propuesta se enfrenta a una fuerte oposición por parte de sectores del poder judicial y de expertos legales.
En febrero de 2025, más del 80 por ciento de los miembros de la Asociación Nacional de Magistrados participaron en una huelga de un día contra la reforma.
El abogado penalista Franco Moretti, que encabeza la campaña contra el referéndum, argumenta que el nuevo tribunal disciplinario podría generar riesgos políticos.
Según él, la agencia podría convertirse potencialmente en "el brazo armado de la política".
"Cuando sea necesario, podría utilizarse para saldar cuentas con aquella parte del Poder Judicial que se atrevió a interferir en él", dijo.
Otros críticos argumentan que el sistema de lotería para seleccionar jueces va en contra de los criterios basados en el mérito.
Los expertos también argumentan que la reforma no resuelve los problemas estructurales del sistema judicial italiano, como la larga duración de los juicios y el gran volumen de casos.
Una prueba política para el gobierno.
Las encuestas recientes indican una ligera ventaja para quienes se oponen a la reforma. Según el instituto Ipsos, el voto en contra lleva la delantera (52,4% frente al 47,6%).
La oposición está intentando convertir la votación en una prueba política para el gobierno.
Giorgia Meloni lidera una coalición considerada estable desde octubre de 2022.
Aun así, el primer ministro descartó la posibilidad de dimitir si el referéndum es rechazado.
"No hay ninguna posibilidad de que renuncie bajo ninguna circunstancia", declaró durante un mitin.
Los analistas políticos creen que una derrota no necesariamente derrocaría al gobierno, pero podría debilitar la imagen política del líder.
Según el periodista Valerio Valentini, del sitio web Il Post, el resultado podría afectar la percepción de la fuerza política del primer ministro.
"Perdería esa aura de invencibilidad que ha tenido hasta ahora", dijo.



























































