“Es difícil explicar por qué, para la naturalización, se eligió un modelo digital y accesible, mientras que para la ciudadanía por descendencia (jure sanguinis) se está tomando la dirección opuesta”, dice el abogado Salvatore Aprigliano, al comentar el reciente reforma aprobada por el Senado italiano lo que altera el proceso de reconocimiento de la ciudadanía por descendencia.
El decreto aprobado el 14 de enero crea una oficina central dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores en Roma para gestionar las solicitudes de ciudadanía por descendencia (jure sanguinis) de los adultos residentes en el extranjero. Esta medida forma parte de... Proyecto de ley n.º 1683 y marca un cambio significativo en el tratamiento administrativo del asunto.
Entre los puntos clave de la reforma se encuentra la imposición de un límite anual para la recepción de nuevas solicitudes, válido al menos durante los próximos cinco años. También se ha ampliado el plazo para completar el proceso, que ahora puede alcanzar hasta 36 meses.
Según Aprigliano, la reforma introduce barreras prácticas y jurídicas al ejercicio de un derecho reconocido desde hace más de un siglo.
El nuevo reglamento prevé una fase de transición hasta 2029, durante la cual las solicitudes seguirán presentándose en los consulados. Sin embargo, estas también estarán sujetas a un límite anual, vinculado al número de solicitudes completadas el año anterior. Después de este período, todas las solicitudes deberán presentarse directamente al nuevo organismo centralizado. En Roma.
El experto también señala un obstáculo en el formato del proceso. Si bien la solicitud de naturalización se realiza íntegramente de forma digital, el reconocimiento por descendencia (jure sanguinis) volverá a requerir la presentación física de los documentos originales. "Como resultado, quienes no puedan acceder a la vía administrativa se verán obligados a recurrir ante los tribunales", afirma.
Una comparación entre ambos modelos revela un contraste. La naturalización de extranjeros que han residido en Italia durante más de diez años se realiza completamente en línea, con acceso uniforme y sin necesidad de cita previa. Sin embargo, la ciudadanía por ascendencia sigue dependiendo de largos tiempos de espera, colas consulares y, ahora, un trámite aún más burocrático.
La jurisprudencia italiana ya ha condenado prácticas que hacen que el proceso de reconocimiento de la ciudadanía sea excesivamente largo o inaccesible. Con la centralización en Roma, el requisito de presentación por correo y los nuevos plazos, se prevé un aumento considerable del número de demandas.
“Esta reforma no elimina el cuello de botella. Solo lo traslada de los consulados a un único punto central”, advierte Aprigliano. Según él, el sistema crea un desequilibrio que podría provocar una nueva ola de disputas, afectando a millones de descendientes de italianos en todo el mundo.


























































