Fue en el gran salón del Consulado General de Italia en Park Avenue, Nueva York, donde el viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, se reunió con la comunidad italiana e italoamericana el pasado miércoles 24. Entre los asistentes se encontraban empresarios, estudiantes, profesionales y, por supuesto, los habituales.
La ocasión, según el propio Tajani, fue solemne. Pero el tono de su discurso fue casi lírico. «Todo italiano fuera de Italia es un embajador de nuestro país», declaró con la firmeza propia de un político veterano. La frase, aunque simbólica, no es nueva.
Entre la reverencia a la historia de la inmigración y las exaltaciones del "genio italiano", Tajani prometió transformar los servicios del Ministerio de Asuntos Exteriores: más apoyo a las empresas, mayor promoción del Made in Italy, menos burocracia en los consulados.
"Nunca debemos hacer que los italianos en el extranjero se sientan solos", afirmó. "Debemos apoyarlos con servicios e instituciones consulares más eficientes, que sean herramientas de apoyo, no obstáculos", añadió.
Uno de los momentos más destacados de la noche fue la entrega simbólica de la Ciudadanía italiana para la periodista estadounidense Maria Bartiromo.
Vale la pena recordarlo: fue el decreto de Tajani el que dio origen a la ley aprobada en mayo de este año, que restringió el acceso a la ciudadanía italiana por descendencia.
La nueva norma estipula que la ciudadanía se reconocerá solo a dos generaciones de descendientes: hijos y nietos de italianos. Anteriormente, cualquier generación podía solicitar el reconocimiento.
También se requerirá que el descendiente no tenga otra nacionalidad, lo que excluye a los descendientes italianos que ya no podrán transmitir la ciudadanía.






































