Dos decisiones tomadas esta semana refuerzan el mensaje de que el sistema judicial italiano está vigilante ante las normas que podrían restringir los derechos fundamentales, una señal importante para quienes luchan por ius sanguinis, el reconocimiento de la ciudadanía italiana por descendencia.
Por un lado, la Tribunal Supremo, la Corte Suprema del país, publicó este jueves (27) un informe de 129 páginas que cuestiona la validez de la Decreto de seguridadAprobado por el gobierno. El texto señala graves deficiencias constitucionales, como la falta de urgencia real para justificar el decreto, el abuso de normas penales y la inclusión de normas sin coherencia temática.
“Dudas sobre la constitucionalidad en cuanto al fondo y el método, falta de urgencia”, declaró la Corte sobre el decreto de Seguridad. Estos mismos puntos —falta de urgencia y de fundamento constitucional— son precisamente los argumentos esgrimidos contra el Decreto-ley 36, conocido como Decreto Tajani, que cambió las reglas de la ciudadanía italiana.
Aunque no aborda temas de inmigración ni de ciudadanía, el dictamen de Cassazione muestra que el Poder Judicial no acepta leyes aprobadas sin una base sólida o que amenacen garantías individuales.
Paralelamente, en la misma semana, la Tribunal de Turín enviado a Corte Constitucional um cuestionamiento sobre la nueva Ley 74/2025que restringe el reconocimiento de la ciudadanía italiana a las solicitudes presentadas hasta el 27 de marzo de 2025. La acción fue presentada por asociaciones como AGIS. (Asociación de los Justos Iure Sanguinis) Juntos con AUCI (Avvocati Uniti per la Cittadinanza Italiana), sostiene que la norma viola derechos adquiridos y principios constitucionales como la igualdad y la seguridad jurídica.
El juez Fabrizio Alessandria consideró consistentes los argumentos y ordenó la suspensión del caso hasta la decisión final del Tribunal. Para miles de descendientes de italianos, la medida supone un importante soplo de aire fresco frente a las restricciones consideradas injustas.
Incluso sin una conexión directa entre los dos casos, el mensaje es claro: la Corte Suprema y los tribunales siguen alerta ante posibles excesos legislativos, ya sea en materia penal o en derechos de ciudadanía.
Cuando los políticos fracasan, la ley está ahí para corregir sus excesos.






































