El Puente Farnesio, un sueño inacabado que Michelangelo había imaginado en el siglo XVI, se hizo realidad cerca de Ponte Sisto, sobre el río Tíber, en Roma.
La obra que nunca se completó es revivida hoy –aunque temporalmente– de la mano del artista francés Olivier Grossetête.

El puente fue encargado a Miguel Ángel Buonarroti por el entonces Papa Pablo III Farnesio, para conectar el Palacio Farnese con los jardines de la actual Villa Farnesina, en la otra orilla del Tíber.
La obra, creada por Grossetete, tiene el formato de un “puente volador” enteramente de cartón, de 18 metros de largo y suspendido en el aire, con la ayuda de tres grandes globos.
Una auténtica obra maestra destinada a embellecer el cielo romano durante un breve periodo. De hecho, el puente será visible hasta el 18 de julio.



























































